Cabaña

Una cabana pequena, en sitio quietud no habiendo nada que perturbe el existir. Esto tan diferente a la cruda realidad de estar envuelta en tumultos de emociones sin fin. ¿Como llegar a esa cabaña, a ese lugar de quietud? Mirando alrededor no veo el espacio disponible ni el vuelo indicado que tomar. ¿Como entonces en lo que no veo, puedo yo llegar? Es tan irónica a la verdad la Palabra me dice que crea que le hay. ¿Pero como creer que existe algo tan ilógico en mi mundo? Un lugar de completa quietud, con esencia y trayendo rumbo.
La cabaña la vuelvo a soñar. Rodeada de montes verdes y un lago a su derecha del todo peculiar. Cubierta de un barniz especial que al sol tocarla con su luz su belleza resalta y hasta la hace brillar. Pareciera al mismo tiempo que los montes la quieren acompañar. Las flores que lo adorna se unen con el sol en felicidad resplandecen en el alba un espectáculo digno de admirar.
Pero vuelvo, después de esto tan espectacular vuelvo a mi abrumadora realidad mis emociones me controlan y no encuentro esa paz. Paz, la palabra más incierta que todos delicadamente encierran en los más elocuentes discursos pero solo así queda en palabras sin uso. Quisiera saber si ellos an ido a esa cabaña, si alguna vez se quedaron ahí. Entonces tendría un sentido de validez las palabras que emanan de ellos. Pero no, sólo se quedan en palabras no en hechos buscan como yo encontrar La Paz pero nunca satisfechos.
Ella vive ahí, en esa cabaña, en ese pedazo de tierra entre montañas que siempre están dispuestas a defenderla. ¿Pero como visitarla sí siempre me pierdo en el camino? Quiero llegar pero las emociones y los tormentos impiden mi llegada. Si tan sólo encontrara quien me llevara. ¿Pero quien dispondría de su tiempo para tan larga travesía? Tan solo lo largo es la imposible garantía de que llegaría. Recuerdo con dulzura unas palabras que escuche…”yo soy el camino…” decian. Otras que dieron esperanza al corazón, “mi paz os dejo, mi paz os doy no como el mundo la da…” ¡Qué tremendo saber eso! Ahora algo certero y real. El que sabe el camino para llegar a La Paz. No nada más me llevaría sino me la entregaría para yo en ella habitar. No estaría visitando la cabaña, esta se convertiría en mi hogar! Qué alivio hermoso! Un sentimiento singular da mi Cristo de los cielos que me lleva, me llena,y mora en mi dando completa paz.

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