La Inmovible Sombrilla

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Tome un fin de semana para dedicarme tiempo. Sali del trabajo sin rumbo ni reservación. Estaba decidida a relajarme, olvidarme de los problemas y sobre todo aclarar mi mente. Decido ir a un hotel retirado de la ciudad, realmente en el medio de la nada. Un oasis de tranquilidad en medio del desierto que me acapara  aqui en el Sur de Arabia. Llegue bastante tarde al hotel pero para mi deleite me dan una suite a precio de cuarto regular (Dios sabia lo que necesitaba). Bueno ya era tiempo de dormir.

A la mañana siguiente me levante temprano, ordeno las cosas que me iba a llevar y después del desayuno a disfrutar a la orilla de la piscina. ¿Suena bien? Si, no se adelante mucho.  A la orilla de la piscina estoy recostada en una silla de playa lista para relajarme y leer mi libro. Me acomodo y todo se siente super. De repente comienza la claridad y los rayos del sol a tomar todo el lugar de mi sombra. Siento la potencia del sol sobre mi. Al lado habían dos sillas vacías y una sombrilla, del tipo de estante solitario. Frustrada la miro y mientras, trato de formular la estrategia para moverla hacia mi lado claro, sin pedir ayuda y con gracia (en otras palabras sin caerme de boca en el intento). 

Primer intento la trato de empujar, nada. Segundo intento la trato de rodar, ni un centimetro. Tercer intento, veo que tiene ruedas trato de inclinarla para moverla pero para nada, no se mueve.

Es ahi donde vuelvo a mi silla y como si nada hubiese pasado y nadie me hubiese visto (aunque todos alrededor estaban analizando mi análisis de la sombrilla) me recuesto, tomo mi libro y trato de pretender que el sol no me afecta. ¿Que paso? No dure ni diez minutos hable con uno de los que atienden para que llamaran a alguien que pudiese mover la sombrilla a mi lado. Vino el muchacho con tranquilidad y sin pesar alguno, casi instantáneo, puso la sombrilla a mi lado. En lo que fracase por viente minutos el venció en dos.

Y usted se preguntara, ¿por que esta historia? Por que en nuestro caminar con Dios somos así. Es interesante que siempre en la vida se presentan obstáculos que detienen nuestro caminar o determinación. Cuando algo nos molesta y queremos alejarlo o aliviarlo buscamos siempre hacerlo por nuestros propios medios. Cuando nos hieren queremos sanarnos con positivismo y reprensión emocional. Cuando tenemos problemas con alguien los evitamos y hasta los desterramos de nuestra vida para así no enfrentar el problema. Cuando Dios trata areas de nuestra vida que no nos gusta que el toque ponemos barreraras para que El solo toque las que nosotros queremos. Y así como yo con la sombrilla determinada a moverla con mis fuerzas, muchas veces no queremos dejar a Dios actuar para hacerlo como pensamos. Algo hermoso que tiene Dios es que El es un caballero. El sabe esperar y nos deja pasar por esas circunstancias frustrantes para que lleguemos al punto de rendición. Ese punto donde nos damos cuenta que no podemos hacer nada y clamemos a El. Es ahi cuando clamamos a El que nos responde y mueve nuestra “sombrilla de la circumstancia” a nuestro favor y sin tener nosotros que poner el menor esfuerzo.

Moraleja…Dejemos a Dios actuar como El quiera. Su poder es infinito para arrancar todo aquello que nos acosa. Su amor es inagotable para inundar nuestros vacíos. Su propósito mas allá de nuestros sentidos e imaginación.

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Jeremias 29:11

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